1 de septiembre de 2011

5 días en Londres

Londres Londres Londres.
En realidad, hace ya 6 días que estoy acá, dando vueltas. Y qué puedo decir. No, no puedo decir que Londres es lo que esperaba. Sí, es menos. Quizá por la construcción de expectativas que tengo en marcha desde siempre, vaya uno a saber por qué. Yo siempre lo expliqué con cosas como: 'porque toda la música que escucho es británica' o 'adoro su acento'. Pero, en realidad, no se me ocurre ninguna otra razón, con lo que mi fascinación por lo británico queda sin demasiado sustento racional.
Y, sin embargo, se escucha decir por ahí que Londres es una de las mejores ciudades del mundo. A ver, que esto no se entienda como una crítica, nono. Es una enorme expectativa, difícil de cumplir y que, efectivamente, no se cumplió. Cosas que pasan. Igualmente, y aunque lento, le voy tomando el gustito. Quizá sucede que no me resulta tan ajena. Es una gran ciudad, como lo es Buenos Aires, donde me crié y a la que adoro más que cualquier otro lugar que conozco. Y quizá por eso no encontré en Londres todo lo dazzling que esperaba encontrar: porque me resulta familiar, enorme, ruidosa, urbana en extremo.
Y, a pesar de todo, no quiero dejar pasar algunos rasgos que no dejan de llamarme la antención. En primer lugar, las londinenses. Nótese: las londineses. No es como era en Edinburgo, donde todos los hombres eran inverosímilmente bellos. Aquí, en cambio, todas las mujeres son impactantes: se producen, se visten, maquillan, coquetean con ellas mismas. Mi referencia cinéfila cae aquí en Hollywood y 'El diablo viste a la moda': es exactamente eso. Yo misma me encuentro comprando cosas, -todo lo que la pound multiplicada por 7 permita-, intentando abandonar mi buzo holgado y cómodo, para estar más a tono con la femineidad local.
Los parques es algo que a los porteños definitivamente nos falta y que aquí, abundan. Y son enormes. De verdad: enormes.
La obsesión por el orden: todo está pautado. Y cuando digo todo es todo: cuando se usa la escalera mecánica, hay que pararse a la derecha, para dejar pasar al que quiera subirla caminando; y si se obstruye el paso, uno se liga una miradita que mejor no decodificar su significado. La basura se separa, pero no en 'objetos reciclables' y 'objetos no reciclables' sino en: vidrio, papel, comestible, plástico, no reciclable. En todas las esquinas está escrito, sobre el asfalto, para qué lado mirar -sí, es cierto: deben tener presente que son uno de los pocos países donde los autos circulan al revés, pero .. ¿en todas las esquinas? Sí, en todas las esquinas. Y estos son solo algunos ejemplos que se me vienen a la cabeza. Esto no los hace mejores que nosotros -porque, reconozcámoslo, todavía está presente esa idea de que hubiera sido mejor si nos conquistaban allá por 1807- sino que, de algún modo, los hace más obsesivos, más cumplidores. Habría que hablar con un poco más de fundamento empírico, pero es en esto -según mi humildísima e infundamentada opinión- donde ellos pierden esa 'latinidad' que nosotros tenemos tan a flor de piel. No existe para el inglés el 'dejarse ser' el 'ir con la corriente' porque, justamente, todo está escrito, todo debe ser de cierta manera.
Y, a pesar de esta diatriba que linda peligrosamente con una crítica negativa, aquí algunas fotos del barrio donde me estoy quedando. No, no me molestaría vivir acá. Para nada.


1 comentario:

  1. Pense que nos habias abandonado. Digo nos porque supongo que habra mas lectores. Segui escribiendo que con tu relato viajo un poquito, pensando lo que describis, imaginando...para salir un poco de mi agetriada agenda de neruropsicologia..vio? Lo de las escaleras mecanicas es en toda Europa...yo ligue una puteada mas que miradita.Enjoy your trip Florence fan.
    Lol

    ResponderEliminar