El domingo es un día que nunca me gustó demasiado. Es como un feriado pero sin ser feriado, porque no agrega un día más de descanso sino que, al contrario, nos anuncia que, al día siguiente, empezamos de nuevo con la semana. ¿Y a quién no le gusta un poquito más de descanso?
El domingo significa que todo está cerrado, que hay menos gente por la calle, que no hay mucho para hacer y que encima nos tenemos que ir preparando para la llegada del lunes. Es más, si tuviera que elegir entre domingo y lunes, definitivamente me quedo con el lunes. Díganme loca, pero hasta ese punto llega mi poco cariño hacia el domingo.
Busco, entonces, para esconder esa especie de alergia dominguera, cosas para hacer. Este último domingo que pasó, elegí la playa. Las temperaturas definitivamente lo ameritaban. Trencito de por medio, llegué a Sitges, una especie de balneario catalán, a 36 kms. de Barcelona. Es de esas ciudades que hierven durante el verano -no solo por las temperaturas, sino también por la cantidad de gente que la transita- y en el invierno, duermen, recuperando energías para la próxima marea de visitantes extraños.
Me encontré con un pueblo pintoresco pero no demasiado; algo venido a menos -tal vez por el difícil momento español- con muchas casas en venta y unas cuantas paredes bastante despintadas. Y, sin embargo, no era eso lo que importaba. Lo que importaba era lo que se veía desde el pueblo, dónde 'balconeaban' -por decirlo de una forma inmobiliaria- todas las ventanas. El Mediterráneo. Quizá más mito, más historia que realidad, pero ese mar es testigo de buena parte de la historia de Occidente. Un color entre verde y celeste, una temperatura ideal, sin olas. El estilo de mar que más me gusta. La playa estaba que rebalsaba de gente, por lo que elegí una piedra y ahí me senté. Y ahí me quedé durante tres horas. Simplemente ahí, estando. Obviamente, como no podía ser de otra manera, terminé como un camarón. Pero quién me quita esas tres horas de puro mar, de viento que hace olvidar un ratito el sol que quema fuerte, de olor salado, de pelo despeinado y nariz roja.



No hay comentarios:
Publicar un comentario