7 de abril de 2012

Fernet con coca

Volver.
Hace un mes ya. Es más, un mes Y una semana -casi casi.
Ya escuché mucho la frase: 'el tiempo cura todo'. Y sí, lo más triste -¿triste?- es que ya lo sé. No, nunca me pasó nada demasiado trágico y, sin embargo, siempre tuve un aire melanco dando vueltas por ahí. Qué se yo, neurosis siglo XXI, neurosis de chica bien, neurosis de alguien que no se preocupa por un techo ni por un plato de comida, neurosis burguesa, neurosis hamburguesa.
Pero una ambivalencia grande como una casa: quiero que pase, porque este estado de cosas definitivamente no funciona y, al mismo tiempo, no quiero que pase, porque estoy cansada de que pase. ¿Cuándo hay algo que se queda? ¿Qué aparece para quedarse? Sí, son 3 o 4 amigos a quienes confío con mi vida, pero no, no hablo de eso. ¿Muy intenso para los 22 que mi DNI atestigua? Who the f*ck knows.
Fueron los 6 meses más intensos de mi vida.
Me acuerdo que me fui con pocas expectativas: '¿Barcelona? Neh, es una ciudad más. ¿Quién dijo que es una gran ciudad? Una gran ciudad es Roma, Venecia, no Barcelona'. Uf, tonta tonta yo. Bella, bella como ninguna otra. Cuánto la extraño.
Estoy sumergida en mi vida porteña cual barra de chocolate en taza de leche hirviendo. Clases, trabajos, cursos, apuntes. Pero no, mi cabeza visita virtualmente el momento en el que me suba a un avión y me vaya a dar otra vuelta por allá. ¿A quién se le ocurre? ¿Cuán descerebrado es? Nunca va a ser lo que fue, porque lo que fue es irrepetible. Entonces, ¿para qué ir de nuevo? No, estamos todos locos. Pero muero de ganas. ¿Supero la fobia? ¿Me tiro a la pileta? Si voy, voy por algo. Y, uf, ese algo. Que hoy me junté a tomar un café con alguien que, en su momento, me amargó bastante la existencia, y todo brotó cual soja por ser cosechada. Cúmulo de emociones como hace tiempo no tenía. No, miento: cuando fui desde casa a El Prat fue un enorme cúmulo de emociones. Y el día que fui a El Prat, pero no para subirme yo, sino para que se subiera otro al avión, ese día también.
Todo tuvo un nivel de intensidad que ahora no me puedo sacar de encima.
¿Volver?
Ya fue, argentinidad al palo: vamos a escuchar un tango, llorar porque todo tiempo pasado fue mejor y tomarnos un fernet -que, en realidad, ni siquiera me gusta.